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Yanis Varoufakis: A Brief History of Capitalism by Cocotte

He encontrado finalmente una respuesta a una pregunta que por morbosa y repetitiva ya me cansó: “¿Te has enamorado de un cliente?”.

La respondo hoy con otra pregunta y su respectiva respuesta: ¿Por qué en los países donde la donación de sangre se compensa económicamente el índice de “donaciones” decae? En este maravilloso libro escrito con un lenguaje accesible y universal, algo excepcional entre los científicos y académicos, Varoufakis escribe:

El hecho de donar sangre como algo voluntario nos realiza mucho más que si nos dan un dinero a cambio, ya que en seguida salta a la mente que esa cantidad no es suficiente para el esfuerzo que estamos haciendo. Sin embargo al hacerlo de forma voluntaria, ese esfuerzo cobra un significado diferente y unas emociones diferentes, las de saber que estamos haciendo un bien para los demás.

Dicho de otro modo: no me enamoro porque mi afecto no lo vendo, sólo lo doy de forma voluntaria.

 
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Llamamientos y otros fogonazos by Cocotte

Regreso muy orgánicamente a este texto que podría recitar casi de memoria, hace ya muchos años.

Dejo la transcripción hasta abajo por las dudas, pero el video me conmueve muchísimo. Las imágenes de las personas alienadas existiendo automático son brutalmente honestas. La edición que superpone gemidos e imágenes construye un potente discurso audiovisual por sí mismo. A veces siento que observando los videos entenderíamos algo similar al texto sin necesidad de una narración de por medio.

Vi hace poco un seminario en la Complutense de Madrid donde calificaban los textos de Tiqqun como narrativos y poéticos, cosa inédita y rarísima en los ensayos políticos. Aunque por momentos utópicamente radicales, leer a Tiqqun inyecta una energía vital para continuar existiendo en este sinsentido.

Del comité invisible. Traducido por ellos mismos, me parece:

Primera parte

Segunda parte

Y la guerra apenas ha comenzado

A los niños perdidos

En el gran cuerpo social del Imperio, en el gran cuerpo social del Imperio que tiene la consistencia y la inercia de una medusa varada, en el gran cuerpo social del Imperio que es como una enorme medusa varada con toda su redondez sobre toda la redondez de la Tierra, se han plantado electrodos, centenares, miles de electrodos, un número increíble de electrodos.

De tipos tan diversos que incluso ya los hay que ni parecen electrodos.

Esta el electrodo Tele, por supuesto, pero también el electrodo. Dinero, el electrodo Farmacéutica y el electrodo. La jovencita es un agente de animación en la gestión dictatorial de los placeres” “La jovencita es toda la realidad de los códigos abstractos del espectáculo” “La jovencita es una mentira de la que el rostro es el apogeo”

“La jovencita muchas veces padece de vértigo, cuando el mundo deja de girar a su alrededor” “Como el dinero, la jovencita es equivalente sólo a ella misma”

“La jovencita no envejece, se descompone”

Por medio de estos miles, estos millones de electrodos, de naturaleza tan diversa que he renunciado a contarlos, se mantiene el encefalograma plano de la metrópolis imperial.

Por estos canales, imperceptibles para la mayoría, se emiten sin pausa las informaciones, los cambios de ánimo, los afectos y contra-afectos susceptibles de prolongar el sueño universal. Y notad que paso por alto todos los dispositivos de captura agregados a estos electrodos, sobre todo periodistas, sociólogos, policías, intelectuales, profesores y demás agentes de un incomprensible voluntariado al que se le ha delegado la tarea de orientar la actividad de los electrodos.

Es conveniente mantener un cierto nivel de angustia con el fin de preservar la disponibilidad general a la regresión, el gusto por la dependencia.

No por casualidad se difunde en el momento oportuno tal o cual sentimiento de terror, de conformismo o de amenaza.

Nadie debe librarse de esta posición infantil de pasividad hastiada o pendenciera, de saciedad entumecida o de reivindicación quejosa que produce el malvado murmullo de la incubadora imperial.

Se dice “el tiempo de los héroes ha pasado”, con la esperanza de enterrar junto a él toda forma de heroísmo. El sueño de la época no es el buen sueño que procura el descanso, sino más bien un sueño angustiado que os deja más exhaustos todavía, deseosos solamente de volver a él para alejaros un poco más de la irritante realidad. Es la anestesia que requiere una anestesia aún más profunda.

Aquellos que por suerte o por desgracia se sustraen al sueño prescrito, nacen a este mundo como niños perdidos.

¿Dónde están las palabras, dónde la casa, dónde mis antepasados, dónde están mis amores, dónde mis amigos? No existen, mi niño. Todo está por construir. Debes construir la lengua que habitarás y debes encontrar los antepasados que te hagan más libre. Debes construir la casa donde ya no vivirás solo. Y debes construir la nueva educación sentimental mediante la que amarás de nuevo. Y todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general, porque los que se han despertado son la pesadilla de aquellos que todavía duermen.

Aquí prevalece la regla de no-actuar, que se expresa así: la fecundidad de la acción verdadera reside en el interior de ella misma; podría decirlo de otro modo, podría decir: la acción verdadera no es un proyecto que uno realiza, sino un proceso al cual uno se abandona. Quien actúa, actúa hoy como niño perdido.

La errancia gobierna este abandono. Vagamos. Vagamos entre las ruinas de la civilización; y precisamente porque se encuentra en ruinas, no nos será dada la posibilidad de enfrentarla. Es una guerra bien curiosa esta en la que nos hallamos comprometidos. Una guerra que requiere que se creen mundos y lenguajes, que se abran y ofrezcan lugares, que se constituyan hogares, en medio del desastre.

Existe esa vieja noción, bolchevique y, ciertamente, un poco frígida: la construcción del Partido. Creo que nuestra guerra es la de construir el Partido o, más bien, la de dar un contenido nuevo a esa ficción despoblada. Una sociedad que ha agotado el conjunto de sus posibilidades vitales tiene buenas razones para juzgar como “terrorista” todo aquello que se experimente más allá de ella.

Charlamos, nos besamos, preparamos una película, una fiesta, una revuelta, encontramos un amigo, compartimos una comida, una cama, nos amamos, en otras palabras: construimos el Partido.

Las ficciones son cosas serias. Necesitamos ficciones para creer en la realidad de lo que vivimos. El Partido es la ficción central, la que recapitula la guerra en curso. Quien se exilia, exilia; el extranjero que parte se lleva consigo la ciudad habitable.

No puede ser más que el fin de un mundo, avanzando. Los padres desaparecieron en primer lugar. Se fueron a la fábrica, a la oficina. Luego fueron las madres las que, a su vez, partieron a la fábrica, a la oficina. Y cada vez no eran los padres o las madres los que desaparecían, sino un orden simbólico, un mundo. El mundo de los padres desapareció en primer lugar, luego lo hizo el de las madres, el orden simbólico de la madre, que hasta entonces nada había logrado socavar. Y esta pérdida es tan incalculable y el duelo por ello tan enorme, que nadie consiente hacerlo.

El Imperio resume el deseo de que un neo-matriarcado tome mecánicamente el relevo del difunto patriarcado. Y no hay revuelta más absoluta que aquella que desafía esa indulgente dominación, ese poder cordial, esa empresa maternal.

Los niños perdidos son los huérfanos de todos los órdenes conocidos. Bienaventurados los huérfanos, el caos del mundo les pertenece.

Lloras por lo que has perdido. Lo hemos perdido todo, en efecto. Pero mira a nuestro alrededor, hemos ganado hermanos, hemos ganado hermanas, tantos hermanos y tantas hermanas. Ahora, sólo esta nostalgia nos separa, y eso es algo inédito. Caminas, estás perdido; no encuentras en ningún lugar la medida de tu valor; caminas, y no sabes quién eres y no tienes valor, como el primer hombre. Vas por los caminos. Pero si no estuvieses tan perdido, no llevarías en ti esta fatalidad de encuentros.

Huyamos, ya es la hora; pero te lo ruego, huyamos juntos. Fíjate en nuestros gestos, la gracia que nace en el interior de nuestros gestos; fíjate en nuestros cuerpos, cómo se intercambian con fluidez, cuánto tiempo hacía que no se abatía sobre el mundo tanta gratuidad.

No hemos dejado este mundo. Aún hay envidia, estupidez, el deseo de ser alguien, de ser reconocido, la necesidad de valer algo y, peor aún, la necesidad de autoridad. Son las ruinas que el viejo mundo ha dejado en nosotros y que no hemos abandonado. A la luz de ciertos proyectores, a veces nuestra caída nos produce la sensación de una decadencia.

¿Adónde vamos?


La voluntad de saber by Cocotte

Subrayo extractos que me han sacudido estos días.
De La historia de la sexualidad (Foucault);

Sobre las leyes que reprimen nuestra sexualidad:

Tal sería lo propio de la represión y lo que la distingue de las prohibiciones que mantiene la simple ley penal: funciona como una condena de desaparición, pero también como orden de silencio, afirmación de inexistencia, y, por consiguiente, comprobación de que de todo eso nada hay que decir, ni ver, ni saber.

Sobre el psicoanálisis:

Pero con qué circunspección, qué prudencia médica, qué garantía científica de inocuidad, y cuántas precauciones para mantenerlo todo, sin temor de "desbordamiento", en el espacio más seguro y discreto, entre diván y discurso: aún otro cuchicheo en un lecho que produce ganancias.
[…] Después de todo, somos la única civilización en la que ciertos encargados reciben retribución para escuchar a cada cual hacer confidencias sobre su sexo: como si el deseo de hablar de él y el interés que se espera hubiesen desbordado ampliamente las posibilidades de la escucha, algunos han puesto sus oídos en alquiler.

Toni Mac: What Sex Workers Want by Cocotte

De las pocas TED Talks que encuentro relevantes. Esta charla ilustra muy bien la geografía legal del Trabajo Sexual.
Toni acaba de publicar junto con Molly Smith “Revolting Prostitutes: The Fight for Sex Workers“.

Mac es trabajadora sexual, importantísimo tener esto en cuenta.


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Toni Mac es trabajadora sexual y activista en Sex Worker Advocacy and Resistance Movement (SWARM), un colectivo de Trabajadoras sexuales basado en Londres que busca despenalizar el trabajo sexual.