Las putas también abortamos: Georgina Orellano by Cocotte

"Cuando se habla de aborto algunas personas sostienen que “ninguna mujer quiere abortar”. Algo similar sucede en el debate sobre trabajo sexual cuando afirman que “ninguna mujer nace para puta”. En ambos sentidos se intenta afirmar que ninguna mujer quiere abortar ni ser trabajadora sexual. Eufemismos que buscan invisibilizar la toma de decisiones sobre nuestros cuerpos."

"¿Ni puta por coger?": Deconstruir el insulto by Cocotte

Tatuaje de Georgina Orellano, secretaria general de  AMMAR

Tatuaje de Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR

El día de ayer, en instagram, vi un story de una amiga sobre el movimiento pro-aborto en Argentina. En él compartía una consigna que he visto repetida no solo en ese país, sino en la mayoría de los movimientos feministas alrededor del mundo: "Ni puta por coger".

Leer esta consigna repetida una y otra vez por la gran mayoría del movimiento feminista, es algo que me sobresalta todo el tiempo. 

Muchas amigas putas creen que es una reflexión del grupo de feministas abolicionistas. Yo creo que realmente, al igual que el mismo movimiento abolicionista, la génesis de esa consigna se encuentra en la ignorancia de lo que es en realidad la prostitución. Ignorancia también de la enorme capacidad que el lenguaje tiene para atribuir significados profundamente arraigados que no solo se depositan al interior del inconsciente colectivo, sino también dentro de nuestro razonamiento íntimo, individual. 

Creo que es necesario, entonces, deconstruir este término: ¿Cuál es el origen de la palabra "puta"? 
No soy experta en etimología, pero mi criterio puteril me ha llevado a un artículo al que regreso una y otra vez porque me parece un estudio serio y bastante acertado sobre la palabra, escrito por Nora Buich:

En el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico de Joan Corominas encontramos que [la palabra puta] procede de la palabra putta (muchacha), femenino de putto (muchacho), efebos y efebas a los que ya en la época romana se les asociaba con la prostitución.

En varias publicaciones y páginas fiables de internet encontramos que “los filólogos clásicos, asocian la palabra puta con el latín putta (muchacha, chicuela, especialmente “chica de la calle”) que ya en latín se usó con el valor de prostituta, derivado, en realidad de puto”.

Pero este desglose etimológico no explica del todo cómo es que el término devino en una palabra peyorativa. Nora continúa:

[...] Como sostiene Silvia Federici en su libro Calibán y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Buenos Aires, Tinta Limón, 2010): “A mediados del siglo XVI las mujeres estaban recibiendo sólo un tercio del salario masculino reducido y ya no podían mantenerse con el trabajo asalariado, ni en la agricultura ni en el sector manufacturero, un hecho que indudablemente es responsable de la gigantesca extensión de la prostitución en ese período”.

Además, la iglesia católica muestra a la mujer como débil mental, proclive a hacer tratos con el diablo. Comienza la caza de brujas, el ataque a sus derechos reproductivos y a la introducción de nuevas leyes que sancionan la subordinación de la esposa al marido en el ámbito familiar. Se muestran dos tipos de mujer: a María santa y buena, encerrada en el hogar y la perdida Eva, que peca y es expulsada del paraíso.

[...]

Con hipocresía, la prostitución es condenada moralmente pero no eliminada. Porque para que el buen burgués no deshonre a su santa esposa, los peores pecados los comete con la puta del prostíbulo, y el prostíbulo no está en pleno centro de la ciudad… pero tampoco está tan lejos, cosa de que el señor llegue enseguida, cuando lo necesite.


En ejercicio de analizar el termino "puta", nos encontramos con el significado social que se le atribuye históricamente a la prostitución, mismo que sigue vigente hasta el día de hoy; la puta como mala mujer, sucia, indigna, despreciable. Enunciar entonces "ni puta por coger", refuerza el estigma tan enraizado que conlleva esa palabra.
 


Gabriela Leite y la palabra "puta" como identidad política. 

Una de las primeras prostitutas en reivindicar la palabra "puta" como identidad política fue Gabriela Leite. Fue en el año de 1982, en Río de Janeiro, donde comenzó a referirse a sí misma como "puta", al mismo tiempo que fundó el movimiento de prostitutas de Brasil. Para Gabriela, el uso de la palabra "puta" es una manera de combatir los prejuicios y la sexualidad conservadora, que genera una moral que violenta la forma en que vivimos nuestra sexualidad. Fue en la prostitución y en la reivindicación de esta palabra que Gabriela inauguró un pensamiento de vida que hasta hoy sigue perturbando los códigos normativos de la sexualidad.

Fue también la reivindicación de esta palabra la que ha dado paso al activismo de un grupo de mujeres prostitutas que se nombran a sí mismas "Putas feministas". Ellas explican que con esta identidad no sólo disputan el carácter peyorativo del término, sino un lugar dentro del movimiento feminista. Su apuesta reside en la construcción de un movimiento diverso e inclusivo que no deje afuera a nadie: "ni a las trans, ni a las negras, ni a las tortas, ni a las putas" (1). El feminismo de las Putas feministas comenzó a utilizar esta palabra para cuestionar que sea utilizada como insulto hacia las mujeres, lesbianas y trans que transitan el espacio público, usan la ropa que quieren, viven su sexualidad libremente o no cumplen con ciertos mandatos sociales. Señala que el feminismo actual no suele defender los derechos de las prostitutas ni tiene en cuenta que es por el estigma hacia el trabajo sexual que se le llama "puta" a aquellas que no cumplen con ciertos roles y normativas impuestas. "Mientras exista el estigma hacia las trabajadoras sexuales, la palabra "puta" se usará de manera ofensiva hacia las demás mujeres" (2).

 

 

Yo hoy en día me pregunto, ¿por qué es esta palabra el último de los insultos que nos atrevemos a deconstruir? Hay muchos grupos marginalizados que, a pesar de seguir cargando un pesado estigma, están comenzando a reivindicar sus propios insultos. Gays llamándose "maricones" o "tortas". Empleadas domésticas que si bien no se refieren a ellas como "chachas", han encontrado al menos una manera de comenzar abrir esta deconstrucción del lenguaje, e incluso en este ejercicio de reivindicación llegan a encontrar aliados dentro de la sociedad civil y ciertas instituciones públicas.

Con esto no quiero decir que las batallas de esos grupos estén ganadas, sólo pretendo señalar que en este intento de humanizarnos, la idea de el trabajo sexual, concretamente la prostitución, sigue fracturando no solo nuestras construcciones sociales, sino al propio movimiento feminista. Sí, ese que aboga por el aborto legal.

  1. Extraído del panfleto online de AMMAR https://www.ammar.org.ar/IMG/pdf/ammar_digizine.pdf
  2. Íbidem

Salir a la luz como trabajadora sexual, salir a la luz como persona by Cocotte

Foto: Liara Roux / Playera diseñada por Paul Glover

Foto: Liara Roux / Playera diseñada por Paul Glover

25.05.18

Por Liara Rioux
Traducción: Citerea Anadiomena

Mi hermana estaba comiendo algo en mi cocina. Me paré frente a ella, el mostrador entre nosotras. Ella estaba de espaldas a mí. Di vueltas a las palabras en mi mente, tratando de construir una oración que la tranquilizara, que no evocara los estereotipos perturbadores existentes sobre personas como yo. Había estado hablando de mi acosador, ese tipo que estaba convencido de que yo estaba enamorada de él y que se enfureció cuando se dio cuenta de que yo tenía pareja.

“Soy una escort”, le dije, “y él era un cliente”.

Honestamente, no recuerdo si esas fueron las palabras exactas que dije, pero recuerdo cómo todo mi cuerpo se puso tenso. Casi empiezo a llorar. Me preocupaba tanto que pudiera perder a mi hermana, a quien quería tanto. Me sorprendió cuando me dijo: “¡Me alegra que seas feliz! ¡Me alegra que hayas encontrado un trabajo que funcione para ti!”.

Hizo un par de preguntas sobre mi trabajo. Yo las respondí, aún desconcertada por su respuesta. Esperaba algo de preocupación. Me preguntaba si ella estaba sintiendo preocupación o si me estaría juzgando, pero no quería cargarme con eso. Mi hermana siempre ha sido increíblemente así de considerada. Recuerdo cuando le dije que era queer y lo emocionada y feliz que se mostró también con eso. Estoy llorando ahora, escribiendo esto, tan agradecida como estoy de haber pasado gran parte de mi vida conociendo a alguien tan amable y dulce como ella.

Le dije que no se lo dijera a mamá.

Mi madre ha hecho siempre todo lo posible por amarme y cuidarme, y lo sé. Pero vengo de una casa familiar extremadamente religiosa y conservadora, llena de niños y fuego y azufre. Siempre he vivido mi vida de maneras extremas e inusuales y eso la asusta. Ella quiere que esté a salvo. Hay tantas cosas que no le he contado porque, cada vez que lo intento, me quedo paralizada. Cuando vivía con ella, me preocupaba que, si se lo contaba, ella y mi padre me enviaran al campamento de reeducación para gays o que me echaran de casa y me quedase sin hogar, como le había sucedido a algunos de mis amigos. Me gusta pensar que ella me habría aceptado, pero no sé.

He revoloteado sobre el tema con mi madre y ella ha revoloteado sobre el tema conmigo. Hace algunos años vio algunas cosas “sospechosas” en mi calendario, cuando acaba de empezar a trabajar, y me llamó para pedirme explicaciones al respecto. Había tanta ansiedad en su voz: “¿No corres peligro?”. Maquillé la verdad un poco, para que pareciera que todavía estaba trabajando en tecnología, un campo que abandoné en busca de condiciones de trabajo menos misóginas, más autocontrol, y la posibilidad de evitar mi enfermedad mental y mis discapacidades físicas.

Cuando lo pienso ahora, creo que ya tenía que saberlo. Mi cara está en internet. Seguramente alguien en nuestra iglesia que mira pornografía o ve escorts ya se lo ha contado, bajo la apariencia de preocupación. Odio que no se lo haya contado yo misma; supongo que lo estoy haciendo ahora y espero que entienda que decir esto por escrito, de alguna manera, es más fácil. Lo he intentado varias veces, pero cada vez que lo intento me quedo paralizada. Recuerdo la última vez que pasamos juntas; comimos pastel. Me prometí a mí misma que se lo diría mientras comíamos. Con cada bocado que tomé, traté de decirlo. Y todas las veces me quedé paralizada.

Me preguntaba si ella podría leer la tensión en mi cuerpo. Podía sentir su tensión irradiando de ella también. Esta tensión siempre ha estado entre nosotras, todas estas cosas no dichas. Siempre ha habido tantas cosas que sentí que no podía decirle. Quiero profundamente ser amada y aceptada por ella. Quiero que sepa que finalmente soy feliz, después de años de luchar contra la depresión y la ansiedad y el dolor físico causado por el síndrome de Ehlers-Danlos —un trastorno que afecta mi tejido conjuntivo y mis articulaciones— y por dolores de cabeza en racimo; que sepa que finalmente recibí el tratamiento médico que necesito, que he podido dedicar tiempo a sanarme porque mi trabajo me brinda seguridad monetaria y, lo más importante, tiempo.

Hay un segundo “armario” del que no hablamos tanto. Como trabajadora sexual, con una marca personal que mantener para asegurar mis ingresos y bajo la amenaza de violencia estatal, estoy encerrada en ambos sentidos.

No tengo los mismos temores de la vergüenza o el abandono familiar, pero tengo serias preocupaciones de que descubrir mi vida personal ante mis seguidores y el público conllevaría el riesgo de perder ingresos y poner en peligro mi seguridad. Ser trabajadora sexual hace que sea difícil discutir ciertos temas; algunos de mis seguidores se quejan si en mi cuenta de Twitter hay algo que no sean fotos sexy. A medida que me convierto cada vez más en una figura pública, sin embargo, usar mi visibilidad para hacer activismo a favor de otras personas como yo me parece importante.

¿Debería estar actuando en solidaridad con otras personas trans revelando mi género? Soy genderqueer. Hasta ahora he usado el pronombre “ella” al anunciarme como Liara Roux, pero uso “él” en mi vida personal y cambié mi nombre a uno estereotípicamente masculino hace unos años. ¿Debo hablar públicamente sobre mis parejas —incluida una esposa con la que tengo una casa— para demostrar que las trabajadoras sexuales pueden encontrar el amor, la aceptación y el bienestar emocional y financiero? Cuando en el pasado pensé que tenía estabilidad, me retiraron de repente el apoyo, como a muchos otros: cerraron mis cuentas bancarias y me cerraron sitios web, solo porque esas compañías descubrieron quién era yo.

Al igual que el acosador del que tanto me costó hablarle a mi hermana, algunos clientes pueden volverse tóxicos y posesivos. Algunos seguidores que han sido fuentes confiables de ingresos pueden resultar ser tránsfobos. Y a los trolls siempre les hace felices convertir cualquier cosa que a una trabajadora sexual le haga feliz en una excusa para acosarla.

No se trata solo de seguidores potencialmente dañinos de los que haya que preocuparse. Hablar de tener un cónyuge también me expone a la violencia estatal. La policía a menudo trata de detener y procesar a los miembros de la familia de las trabajadoras sexuales, llamándolos proxenetas y chulos, y los políticos han intentado promover leyes que hagan la definición de proxenetismo aún más amplia. Se puede aplicar un cargo de proxenetismo si una pareja me lleva un día en coche a trabajar, o incluso solo por el hecho de compartir bienes en mi matrimonio. Nuestra vida podría verse desgarrada por las leyes de proxenetismo a pesar de que mi pareja también hace trabajo sexual y no es más que otra queer luchadora y persona discapacitada como yo. Personas como nosotras todavía son detenidas y procesadas de forma habitual.

He tenido más éxito de lo que podría haber imaginado con esta carrera, pero en lugar de proporcionar seguridad a mi familia, mi cónyuge aún experimenta un ataque de pánico por estrés postraumático cada vez que llaman a la puerta. Todo podría derrumbarse, nuestra casa podría ser confiscada, podríamos ser desalojadas de nuevo o algo peor. Estos no son miedos fantásticos: hay personas que conozco que han perdido todo lo que construyeron con tanta lucha. Si me descubro ante el público como casada, mostrándome orgullosa de la estabilidad por la que he luchado y que he encontrado, nos arriesgamos a perder esa estabilidad. Como dice Amnistía Internacional, bajo la penalización no tenemos la “tranquilidad de saber que [nuestra] familia no será procesada por ‘vivir de las ganancias’ del trabajo sexual”. Pero ¿qué sentido tiene ganar dinero para ti si no puedes apoyar también a los que amas?

El estigma y la penalización del trabajo sexual cortan de los dos modos, y cortan en profundidad. Como ocurre en cualquier trabajo, tengo días malos, pero si digo algo negativo al respecto, la gente usa mis palabras para sugerir que se debería eliminar la profesión entera. Es tan difícil ser simplemente una persona cuando todo en tu vida puede ser retorcido y usado en tu contra de alguna manera.

Tengo la suerte de haber crecido en una época en la que hay más aceptación de mi identidad como queer, mi existencia como trans, incluso más comprensión para las discapacidades a las que me enfrento, pero esas aceptación y comprensión aún no se traducen en una existencia tolerable en el lugar de trabajo tradicional. Al menos, hasta que encontré el trabajo sexual: un trabajo en el que puedo trabajar en mi propio cronograma sobre el dolor crónico, un trabajo en el que ser queer es beneficioso porque significa que hay más gente con la que puedo trabajar, un trabajo en el que estoy rodeada por otras personas trans y queer que me entienden. Un trabajo donde podría tener mi propio lugar de trabajo.

Hay personas que están tratando de quitar esa opción a mi comunidad, usando leyes anti trabajadoras sexuales como FOSTA / SESTA para destruir la independencia que hemos ganado como trabajadoras sexuales mediante el uso de internet para construir nuestros propios espacios, herramientas de seguridad, y negocios . Niegan la existencia del trabajo sexual consensuado. Obligarnos a la clandestinidad hace que sea más fácil para los prohibicionistas inventar historias sobre nuestras vidas. A diferencia de mis otras identidades, las trabajadoras sexuales no estamos protegidas de ninguna manera. Todo lo contrario, somos igualmente vilipendiadas desde todos los puntos del espectro político. Lo que más necesitamos es ser tratadas como personas, respetadas, que se nos permita sobrevivir, ser vistas, no cazadas como delincuentes o despreciadas como víctimas demasiado dañadas para hablar por nosotras mismas.

Aunque siempre he anhelado amor y aceptación, especialmente de mi madre, estoy completamente entregada a vivir mi vida de la manera que quiero. No puedo evitar querer vivir con sinceridad. Siento que es mi deber hablar claro, incluso si eso me puede convertir en un objetivo, porque hay muchas compañeras no tienen el privilegio de elegir ser política y pública. Nada puede impedirme hacer activismo por mí y por mi comunidad, hacer todo lo posible para asegurarme de que los que amo estén a salvo. Mi miedo al rechazo siempre saldrá perdiendo ante mi orgullo y mi coraje.

Post original (en inglés) https://motherboard.vice.com/en_us/article/mbkv7a/coming-out-as-a-sex-worker-liara-roux-personal-essay

Entrevistas: Convoy by Cocotte

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El pasado 8M, en el marco del Día internacional de la mujer, tuve el gusto de participar en el programa de Giselle Elías Karam, Cartas sobre la mesa.

También hace un par de semanas Agustina Ferreira y yo platicamos sobre trabajo sexual en su podcast Têt-a-teta.

Convoy es una plataforma digital de paga, tienen contenidos originales y sin comerciales y la buena noticia es que pueden inscribirse para obtener un periodo de prueba gratuito. Los creadores detrás de este proyecto son los legendarios conductores de Radio Activo, así que el contenido interesante y de calidad ya lo tienen asegurado.

 

Pueden escuchar el programa de Cartas Sobre la mesa dando click en la imagen de abajo.
Podcast 52 - Convoy en vivo, 9 de marzo


Para escuchar la entrevista en Têt-a-teta, click en la imagen de abajo.
Podcast 48 - Têt-a-teta, 5 de abril

 

Sobra agradecer la invitación a Mariana Vidal Toscano (SussyOh) y a Agustina Ferreyra (Incomodina), y agradecer también por la apertura de espacios como este para iniciar la conversación sobre el tema.

Lola Davina: "Thriving in Sex Work" audiobook. by Cocotte

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This is my first post in English. Although this blog aims to be written in Spanish due to the lack of information in this language, there are some articles, resources and information (audios, video, books, etc.) that are impossible to translate for me.

That is the case for Lola Davina's "Thriving in Sex Work". 

Lola Davina is a former sex worker that envolved in the sex industry over a fifteen-year period, as a stripper, dominatrix, porn actor, and escort. 

What's this book about? In Lola's words:

Thriving in Sex Work is the book I wished I'd had back when I was working to cope with all the ways the sex industry made me feel. I used to struggle with overwhelming feelings of fear, anger, and low self-esteem. I'd be constantly envious of co-workers and clients. I struggled in my romantic relationships, and was constantly fearful about money. I wrote this book to address those sex work-specific challenges, and so much more.

The goal of this book is to address well-being in all aspects of our lives, including feeling healthy, financially secure, at peace with ourselves, and connected to loved ones.

For quite some time I really wanted to have this book on my hands, but today I discovered she's been narrating some chapters in audiobook format. I'm very excited, specially because this is a great tool to get the message across.

Hear Thriving in Sex Work here 
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*I struggle to write in English sometimes, I promise I'll be better!*