Sobre ésta página

 
 
Me cuesta publicar aquí cualquier cosa sin antes hacer un par de aclaraciones. Podría guardarme lo que pienso y solamente hacer dinero, pero en este espacio tengo afortunadamente la oportunidad de extenderme en explicaciones, cosa que rara vez encuentro en mi vida cotidiana. Además de que el recelo que tenemos en compartirnos me parece repugnante.
Ya he filmado antes con productoras europeas “feministas”, “éticas” e “importantes”. Entrecomillo porque su popularidad no responde a un compromiso con un movimiento de oposición, sino a la adaptación de discursos contestatarios a un formato más placentero y digerible.
Mediante la divulgación de ideales estériles pero más amables, monopolizan, trivializan, lucran y desprecian el pensamiento crítico profundo. No los culpo, incluso creo que como todos nosotros, no son siempre conscientes de su contribución al eclipsamiento de lenguajes que cuestionan las infraestructuras de opresión. Tampoco tengo un problema personal con estas productoras ni me arrepiento de mis desiciones: me pagaron muy bien y procuraron que yo me sintiera cómoda, me escucharon y preguntaron mis límites, cosa que nunca había me sucedido en ningún otro  trabajo. Pero al desmenuzar el engranaje de su funcionamiento entendí que no me identifico con éste espectáculo. 
Lo que publico y vendo aquí no puede existir tranquilamente, como decía antes, sin una especie de manifiesto que aclare su existencia.
Primero: quiero dinero. Así de simple.
Segundo: tengo y he tenido, desde muy joven, una inclinación por recorrer sin reparos el laberinto del erotismo. Siento curiosidad de lo que manifiesta acerca de nosotros y de cómo  expresa las represiones históricas que la atraviesan, una fascinación por la aprehensión que tenemos en reconocer su relevancia en todos los aspectos de nuestras vidas, lo cercano que es a la muerte y a la eternidad, o como decía Bataille, a la continuidad.
Mi atracción por la transgresión comenzó temprano. Mi papá me decía que le preocupaba mi problema con la autoridad. Por mucho tiempo me contagió su preocupación, pero eventualmente entendí que ese “problema” era en realidad una comezón por cuestionar al mundo.
Y fue así que con este cuestionamiento se estimuló la exploración, a veces intelectual, a veces práctica, de los límites de esa autoridad que aprendí a asumir orgánicamente desde pequeña.
Sin ganas de extenderme más, se me ocurre decir (por ahora) que lo que subyace a este exhibicionismo es la invitación a explorar nuestras profundidades a través del erotismo.
Me emociona ganar dinero informalmente (en la medida de lo posible) e intentar (ídem) vivir al margen de la idea de élite que nos otorga valor de acuerdo a nuestra producción. Alienación que apaga cualquier esperanza de transformación y nos empuja a un posible exilio cuando nos atrevemos a preguntar el por qué de ese discurso.
Quiero manifestarme, si no libre, llena de dudas, incongruencias, de ganas por entender, de poner a prueba la flexibilidad de mis límites. 
Tal vez esto podría explicar por qué el contenido que comparto aquí (llamado usualmente post porn, aunque rechazo la etiqueta enérgicamente) no siempre respete reglas tradicionales de la pornografía.
No me interesa recorrer caminos que no son los míos y que suelen ser vulgarmente capitalizados. Con todo esto no busco enaltecerme. Busco (principalmente) ganar dinero, lo cual no debería necesitar tanta explicación. El valor que me dé el mundo sinceramente me parece irrelevante.

"¿Dónde están las palabras, la casa, mis antepasados, dónde están mis amores, mis amigos?

No existen, mi niño. Todo está por construir.

Debes construir la lengua que habitarás, construir la casa donde no vivas solo, y encontrar los antepasados que te hagan más libre.

Debes construir la nueva educación sentimental con la cual amarás de nuevo.

Todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general, porque los que despiertan son la pesadilla de los que aún duermen."

-Tiqqun